viernes, 13 de noviembre de 2009

La Dama de la Mansión


Paseando solo bajo una tarde de otoño, de pronto me detuve a contemplar una ventana.
¡Cuánta primavera había en aquel rostro!
¡Cuánta belleza mustia y olvidada, había en aquella dama!
En primera instancia fingí no interesarme, pero mis ojos habían quedado prendados de aquella imagen.
¡Si era una hermosa esfinge mística! Con una mirada lánguida y compresiva, pero triste.
Su punto de mirada era el infinito, y en cambio a mi no me alcanzaba la luz del día para contemplarla.
En ningún momento se dio cuenta de mi mirada.........
Quizás aquellos ojos color esmeralda, esperaban a quien tal vez jamás volvió.
Sus manos apoyadas sobre su falda parecían de mármol de tan blancas.
Estoy seguro que aun aguardaban acariciar el rostro amado, o guardar para siempre el último adiós.
Parecía irreal, no se movía, de no ver como el viento abanicaba su cabellera rubia, hubiera creído que se trataba de un sueño. Pero no, estaba allí.
Desde entonces todas las tardes acudía a verla. Y sin ni siquiera saber que la estaba amando, seguía con sus manos quietas esperándome.
Pero un día, cuando a pesar de los truenos y relámpagos acudí a la cita, ella no estaba en la ventana. Se había olvidado de mí.
Fue entonces, que como enloquecido golpee con fuerza las grandes puertas de aquella majestuosa mansión.
De pronto un hombre, de cabeza cana, y guante blanco, abrió la puerta y con voz ronca y tajante me dijo.
- ¿Qué desea?.
- No sabía qué responderle, pero si sabia al mismo tiempo cual era el propósito de mi visita.
Señor disculpe, hace algunas tardes que observo desde aquella ventana a una dama muy hermosa que siempre contempla sin moverse , todo cuanto la rodea, y hoy he venido a verla y no se encuentra.
- ¿Quién es?, ¿Dónde está hoy?.
- ¡Ahh! ¿Usted se refiere a la nueva muñeca de cera del señor?

Hoy acaba de venderla.


Autor: SUEÑO.

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